Cuando
llegó la desesperación
abrió el
hilo de sangre que cayó
cómo un río
de lágrimas de nada
del mar de mi
mirada en el espejo.
La daga del
reflejo me cruzó
tan violenta
mi tormenta empezó
en el charco
de sangre mi alma lenta
se arrastraba
pero no me di cuenta.
La risa untada
vibraba la cara
la paz brillaba
en el suelo creciendo
la carga arriba
cuanto resistía.
Caía caía con la tormenta
esperaba esperaba y no moría
renacía pero no me di cuenta